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6 de marzo de 2017

Rosario Vallinoto: "Todo es relativo menos la ilusión"

Rosario Vallinoto: "Todo es relativo menos la ilusión"
Rosario Vallinoto: "Todo es relativo menos la ilusión"

Empresaria de turismo rural en el Valle del Jerte con su proyecto "Mi Valle Rural". Fue ejecutiva de ventas y profesora de Comunicación en las empresas norteamericanas AT&T, Bell-South y PartsBase.


Nos espera a la puerta de una de sus casas rurales, la que está ultimando forma parte de su último proyecto. El río Jerte, a nuestros pies y el majestuoso Valle del Jerte invitándonos al placer más absoluto, ese que ocupa todos los sentidos, porque aquí, en este paraje, eso es posible. Rosario es una mujer que te hace descubrir que hay más de cinco sentidos, pero no les pongamos nombre, como ella suele decir, “no cataloguemos, busquemos palabras que no frenen nada”. Así que no les ponemos nombre, solo nos dejamos arrastrar y… sentimos.

Esta mujer, de padre procedente de Pasarón de la Vera y de madre de El Torno, en el Valle del Jerte, viajó muy joven a Estados Unidos. No nos dice que por amor, pero nos tomamos la licencia de pensarlo porque pudo ser por amor a una persona, por amor a una inquietud, por amor al aprendizaje, por amor a la aventura, por amor a la lucha, por amor a la independencia, por amor a la gente… pero no cataloguemos, a ella no le gusta, es mujer sin barreras en los hechos y en el lenguaje. Decíamos que marchó muy joven. “Salí siendo casi una niña, había estado hasta entonces rodeada de familia y protección, y allí me hice una mujer –nos cuenta-, aprendí a valerme por mí misma, a luchar”.

Batalladora

Según nos va relatando aquellos años, nos vamos encontrando con una mujer batalladora al máximo, los retos y los objetivos se iban sucediendo. “Primero me centré en aprender inglés bien; una vez dominado, me saqué el Real State, la licencia de Agente Inmobiliario, porque sabía que algún día compraría casas, las restauraría y las vendería”, una de sus pasiones que aún tendría que esperar.

Rosario con sus dos primeras casitas
rurales al fondo: "Libertad" y "Halimeda"
“Cuando Cristina, mi hija, era un poquito mayor, comencé a trabajar en AT&T, una empresa de telefonía. Allí la formación era tremenda”, y la aprovechó al máximo, porque de ahí pasó a trabajar a Bell-South, “donde empecé como vendedora desde abajo”, ese desde abajo nos lo recalca y lo acompaña de un silencio, le da una gran importancia en su trayectoria: “desde abajo”. Y aquí también se planteo una meta. “Al mejor vendedor o vendedora le premiaban con una semana de lujo en San Francisco, y yo me dije, si tengo que dedicar parte de mi tiempo trabajando, lo tengo que hacer al máximo”. Ya podemos imaginar quién ganó el premio. “Tuve un propósito y lo conseguí”.

Ahora había que marcarse otro, así que pasó a trabajar a PartsBase, una empresa de maquinaria para aviones. Allí se empapó de todas las experiencias que podía absorber de la enorme cantidad de gente de todo el mundo que pudo conocer. “Cuanta más gente conozcas, más fuerte te vas haciendo, porque no somos una isla, formamos parte de un universo y tenemos que estar conectados, y solo hay que detenerse en lo que tenemos en común, en lo que nos une, nunca en lo que nos separa”.  Además, fue en ese periodo cuando, nos cuenta, fue “ahorrando, ahorrando y a los 45 años ya tenía suficiente para decir: ahora no voy a trabajar para nadie, voy a trabajar para mí. Ya podía cumplir ese sueño de comprar casas para rehabilitarlas. Puso la mirada en su tierra. Tras 25 años regresaba para devolver a su tierra todo lo que antes le había dado a ella. Un principio, sin duda, de uno de los propósitos actuales de Extremadura, esa Economía Circular que será motor de esta tierra.

Mi tierra

“Me encontré con la majestuosidad del Valle, con esa energía tan potente que transmite, pero también me encontré con casas de piedra espectaculares que se iban derruyendo. Había que rescatarlas, había que devolverlas a la vida, por respeto a nuestros ancestros”. Así va naciendo el complejo rural Mi Valle Rural, compuesto por tres casas de piedra y tres casas subterráneas, aún en construcción. “He tardado 13 años en conseguir todos los permisos, pero, como decía mi padre, lo que a nosotros nos cuesta hacer en un mes, en el contorno del universo no es ni una milésima de segundo. Todo es relativo, menos la ilusión”.

La rehabilitación de construcciones rurales en el Valle del Jerte uno de los proyectos de Rosario
La rehabilitación de construcciones rurales en el
Valle del Jerte uno de los proyectos de Rosario
Ahora su lucha está en despertar las sensibilidades para no dejar morir el patrimonio, la historia. “Tenemos que unirnos en el Valle, organizarnos para, de alguna manera, restaurar toda esa belleza que tenemos por las distintas fincas, que no las perdamos”. Una lucha, un reto que, como tantas otras cosas, ve posible, y más en un lugar como el Valle del Jerte donde, dice, hay ayuda para todo. “El trabajo que hace, por ejemplo, Soprodevaje es fantástico. Hace que no te frenes en nada”. En este sentido, piensa también en las posibilidades que hoy ya tienen las mujeres en los pueblos. “Ya estamos comunicados con todo el mundo, y eso ha hecho que las mujeres cada vez tengamos más ganas de hacer cosas, y de formarnos; Soprodevaje hace, en este sentido, un trabajo magnífico, yo hice cursos de formación con ellos. Decir rural, ahora, ya no es limitativo, porque tenemos conexión con todo el mundo”, insiste.

Las mujeres de la familia

Salón de la primera casa de su nuevo complejo rural
Salón de la primera casa de su nuevo complejo rural
 El mágico salón en el que nos encontramos, junto a una chimenea y con unos ventanales que permiten que el paisaje forme parte de la decoración, está salpicado por pinturas y esculturas. Preguntamos. “Las esculturas las ha hecho mi madre, también parte de los cuadros. Tiene 91 años y sigue, no se detiene. Fíjate que fue con 81 años cuando decidió ir a la Escuela de Bellas Artes de Plasencia. La mente, las ilusiones no tienen edad”.

Sin duda, la lucidez y la energía de esa mujer las ha heredado la que tenemos frente a nosotros, y también la de la foto que nos muestra ahora. “Cristina, mi hija. Ahora está en Miami como directora de una empresa de venta de barcos, pero su idea es venir aquí, a Extremadura. Me supera con creces –dice con orgullo-, es ley de vida. Mi formación y mis posibilidades me han permitido superar a mi madre, así que ya le dije yo a Cristina, ahora tú me tienes que superar a mí”. Se emociona hablando de Cristina, su “mayor logro”. “Sé que fui muy estricta en la educación con ella, pero es que estábamos solas, tenía que hacerla fuerte, independiente, responsable y mujer de valores. Lo he conseguido”.

El tiempo, que diría su padre, es muy relativo y las horas, conversando con Rosario, han parecido segundos. Nos quedaríamos más tiempo envueltos en la magia del Valle y de esta mujer, pero es momento de marchar.

Antes de irnos no nos desvela el secreto de la miel con canela que hace o de los reflejos del cristal fundido que trabaja, pero sí nos regala el secreto de la eterna juventud: “tener un objetivo, un sueño y una ilusión en la vida”. Esta es Rosario.



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