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5 de marzo de 2016

Marina Hernández. Cabrera y quesera. La maduración de un sueño


Marina Hernández. Cabrera y quesera, la maduración de un sueño
Marina Hernández. Cabrera y quesera, la maduración de un sueño
A Marina le auguraban cuatro días, no más, en cuatro días desaparecería. Nos lo dice así la propia Marina, pero lo dice ahora, tras casi diez años y enseñándonos sus cientos de cabras y las instalaciones de “Quesería Marina”, en Palomero

Si algún día hubo un sueño de la lechera que no se cumplió, hoy estamos ante el sueño de la cabrera que se está cumpliendo. “Desgraciado el que muera sin soñar”, dijo la poetisa, pero también lo dice día tras día Marina antes de presumir: “Mis sueños se están cumpliendo”, con mucho trabajo, eso sí, pero también con el mayor de los gozos. 

Cuarenta años, dos hijos, 17 y 19 años, más de 500 cabras y una quesería en la que solo se cuaja y madura la calidad. El sueño comenzó aquel día en que Marina y Antonio, su marido, pensaban cómo ganarse la vida y la satisfacción personal. Había varias opciones, pero optaron por una en la que solo había ganas: las cabras.

Aprendieron, asistieron a los cursos necesarios; como jóvenes empresarios solicitaron ayudas administrativas; compraron las 210 cabras que se exigían para este inicio y… no saber ordeñar no fue ningún obstáculo, de hecho, Marina recuerda riendo que de las primeras cosas que compraron fueron las máquinas ordeñadoras. “Era entonces cuando la gente me decía que tenía muchos sueños, que si salas de ordeño y todo, que si cada vez se me ocurría una cosa nueva…” Y sí, era así, Marina cada vez quería más cosas nuevas, “la cabeza nunca puede parar”.

Perseguir un sueño

Al relatarnos el desarrollo de su sueño no oculta las dificultades, pero no se detiene en ellas. “En el momento que vimos que teníamos una piarita bien bonita, me decidí a empezar a mover la apertura de una quesería”. La curiosidad infinita de Marina la arrastró a ponerse en manos de un maestro quesero que le revelaría los secretos de las manos y de la propia naturaleza. A partir de ahí, su inquietud: “He acudido a cursos, hago, pruebo, analizo… solo quiero hacer un queso que traiga a la gente a mi quesería porque es algo exclusivo, eso es lo que quiero: exclusividad, no vender por vender”.

Hacerse valer en un mundo de hombres

Marina es inquieta de mente y cuerpo, porque lo primero tiende a arrastrar a lo segundo. A lo largo de la entrevista se levantará una y otra vez a comprobar la temperatura de la leche en el tanque, también a atender a distribuidores de pienso, a algún colega ganadero y a un electricista que le consulta el trabajo a hacer. “¿Lo veis? -nos llama la atención- Aquí la ganadera y la empresaria es Marina”. En más de una ocasión hablará de sí misma en tercera persona, como si quisiera mantener una distancia, observar con objetividad las actuaciones de esa mujer, que es ella.

Reconoce que con Antonio, su marido, hace un buen tándem, pero ha sido Marina la que ha asumido determinadas tareas que la han llevado a introducirse en un sector muy masculinizado. Es ella también la que acude al mercado de Plasencia para tratar con los ganaderos y vender los cabritos. “Al principio les sorprendía, les costaba acercarse, pero poco a poco, han ido reconociendo mi trabajo, y una vez que lo han hacen ya te valoran al máximo y te quieren tener en todas partes”, eso sí, Marina se lamenta de que “parece que la mujer tiene que trabajar más duro para demostrar que sabe”.
Sea como sea, hoy, Marina llega a organizar reuniones, cenas y encuentros con colegas ganaderos. “Hasta 120 cabreros nos reunimos”. Y en estos encuentros, desde el principio se pudo apreciar la habilidad de esta mujer o, quizá, la habilidad innata de algunas mujeres. “El cabrero solía ser reacio a decirte precios, ventas, cantidad de grasa, hablar de problemas o situaciones, y yo animaba a hablar de todo eso, a evitar las mentiras porque al final los más perjudicados éramos nosotros mismos. Creo que lo he conseguido”, concluye convencida de que así ha sido.

Es momento de saborear el sueño de Marina, y lo hacemos en forma de bolas en aceite o en forma de cuña fresca, una, curada, otra. Es un sueño potente, un sueño especial, “estoy trabajando para hacer exactamente el queso que tengo en la cabeza”. Luego echa una mirada a través del cristal que nos separa de un buen grupo de chivas. “La verdad es que las cabras me han hecho pensar. Yo siempre digo que antes de tener cabras tenía la cabeza así -y cierra el puño-, así de cerrada, y ellas me la han ido abriendo poco a poco, me han obligado a pensar y a aprender”.

Nosotros estamos convencidos de que, en este caso, han sido las cabras pero podía haber sido cualquier otra cosa la que hiciera a Marina grande, porque la curiosidad, la inquietud y el afán de superación estaban ya en su cabeza.

La dejamos abriendo, una vez más, el tanque y tomando la temperatura de la leche. En unos días la veremos en la Feria del Queso de Acehúche, con algo muy especial, como todo lo que ella hace.
 
  
Este año, con motivo del 8 de marzo, desde Diputación de Cáceres nos hemos propuesto retratar a las mujeres de esta provincia de una forma real y cercana. Mujeres valientes, que son ejemplo y reflejo de la heterogeneidad de la mujer de hoy y de cómo desde ámbitos muy diferentes se puede y debe trabajar por la igualdad real. Cada día, entre el 1 y 7 de marzo ambos inclusive, conoceremos el testimonio de una de esas mujere. PUEDES LEERLOS EN ESTE ENLACE.

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