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2 de marzo de 2017

Silvia Tostado: “Amar es un derecho de todos y de todas”

Silvia Tostado: “Amar es un derecho de todos y de todas”
Silvia Tostado: "Amar es un derecho de todos y todas"

Madre de familia homoparental.
Trabaja en la Fundación Triángulo en Cooperación al Desarrollo y en el área de Familia.


Nos encontramos con Silvia Tostado en un parque de Miajadas, “mi pueblo”, el tono de orgullo lo percibiremos en más de una ocasión a lo largo del encuentro.

Aquí entrevistamos a Silvia, de 35 años, pero Silvia es también Noelia, su mujer; es también Julia, su hija de tres añitos; es también el niño que lleva en el vientre, como también es el reflejo de tantas y tantas mujeres que, sin embargo, por miedo al rechazo no dan el paso para hacer visible algo tan íntimo como mostrar que aman a quien desean amar o mostrar que se sienten como se quieren sentir. “Amar es un derecho de todos y de todas -dice Silvia- y esto es tan objetivo que no podemos volver atrás, estamos en una marcha imparable, pero tenemos que estar muy al tanto para no perder derechos conseguidos”. Derechos como los adquiridos tras el cambio en el Código Civil, hace 11 años, para que personas del mismo sexo pudieran casarse, o tras la aprobación de la ley de Identidad de Género que, en 2007, comenzaba a ayudar a la visibilidad.

Silvia junto a su mujer y su hija.
Silvia junto a su mujer y su hija.
Bien sabe Silvia que la visibilidad es una de las herramientas para seguir avanzando en la igualdad de derechos, en este caso en la igualdad de derechos de personas homosexuales. En su caso, se han sumado a lo largo de su, todavía corta vida, dos discriminaciones: ser mujer y lesbiana. “Las discriminaciones son múltiples y se acumulan”, y para evitar el hacinamiento de injusticias hay que “llamar a las cosas por su nombre, darles visibilidad” y a partir de ahí luchar por los derechos. Nos dice que ella ha hecho de su visibilidad un activismo, “y con que solo a una chica le haya servido para darse cuenta de que no está sola, me vale”.


“La homofobia no pertenece ni a pueblos ni a ciudades”

Y el camino no es fácil, “porque nos educaron para mirar con reparo y rechazar lo diferente”. Dentro de la firmeza que muestra, que podría parecer inflexible, Silvia cambia fácilmente el tono para exclamar: “¡Cómo no va a ser difícil para la gente que nos rodea si lo es en primer lugar para uno mismo, si uno mismo necesita un tiempo para aceptarse!”

Silvia y su familia participando en un encuentro
de familias LGTB de Extremadura
En esa firmeza flexible descubrimos su grandeza. Paciente, Silvia concede tiempo a su gente, su familia, sus amigos, hasta que decide mostrarse tal cual es en su lugar de nacimiento.

Y aquí, eleva la voz nuevamente para acabar con vetustas ideas. “Aún hay gente que piensa que  vivirse y mostrarse tal cual uno se siente es impensable en un pueblo, que es mejor el anonimato de la ciudad”. Algo que, efectivamente, más de una vez se ha podido escuchar, sin embargo, Silvia nos hace ver que “la homofobia no solo no pertenece a los pueblos ni a las ciudades, sino que en los pueblos hay vínculos, afectos difíciles de borrar, así que aquí yo no solo soy Silvia Tostado, sino que soy hija de, hermana de, prima de; mientras que en una ciudad, te pueden echar de un local por besar a tu mujer y nadie moverá un dedo por ti, nadie te conoce”.

Esta cercanía de los pueblos será otra herramienta que ponga en práctica Silvia. “Vivir en un pueblo me ha permitido sentarme con personas mayores y jóvenes y poder hablar con ellas cuestiones sobre las que jamás habían hablado ni habían preguntado”.

Sí es cierto, decimos, que a lo largo de los años parece que los hombres homosexuales han ido por delante en cuanto a visibilidad se refiere, y Silvia regresa a esa doble discriminación que puede sentir una lesbiana. “Sí, el hombre homosexual ha podido visibilizarse antes, pero en el porqué de ello hay una raíz profunda que está en el machismo, porque la afectividad pública entre hombres estaba mal vista, mientras que mostrar afecto públicamente entre las mujeres era natural, así que nos podíamos esconder bajo el velo de la amistad, una ventaja en el momento de persecuciones y encarcelamientos, pero una losa a día de hoy. Nuestra invisibilidad se ha convertido en una losa”.

A esto se sumaba también el papel puramente reproductivo que se asignaba a la mujer en el ámbito de la sexualidad, por lo que “no se hablaba de la sexualidad de la mujer como placer o como disfrute de su cuerpo, algo que ahora rompe muchos cristales porque en la relación entre dos mujeres el papel ya no es reproductivo”. Cimientos de los que se partían pero que hoy en día, gracias al activismo, van desmoronándose poco a poco.

Mostrar en positivo la diversidad

Y ayudando a ese derrumbe y a romper los cristales que hagan falta, Silvia y Noelia deciden ser madres, deciden acudir a la inseminación. “Te surgen dudas -reconoce-, nosotras estamos preparadas para criar un niño, para dar amor y crear un espacio de convivencia, ¿pero… y ahí fuera? ¿la sociedad está preparada?”. Rápidamente Silvia y Noelia tropiezan con situaciones que discriminan a la pareja formada, en este caso, por dos madres, por ejemplo en el ámbito normativo, que obliga a casarse a las dos madres para afiliar a sus hijos y en el ámbito de la escolarización. “Hay que hacer que los docentes tengan herramientas suficientes para hacer que los niños puedan visibilizar los distintos modelos familiares que hoy en día existen, que los niños se reconozcan en ellos. Se trata de saber mostrar en positivo esa diversidad en la que todos estamos inmersos. Nos ahorraríamos mucho en psicólogos”.

Se ha levantado el aire. Es momento de despedirnos. Silvia pone sus manos sobre su vientre, ya lleno de vida. “Por cierto -le preguntamos-, ¿va a ser niño o niña?” “Por el momento sabemos que tiene pene, luego que decida quién quiere ser”. Nos gusta cómo recalca ese “quién”.

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